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Profesores doctrinarios y sectarios: un mal asunto

31 Oct

En nuestra sociedad (no precisamente budista, taoísta o presocrática) se han formado (vía eclesiástica) mentalidades férreas ancladas en convicciones inamovibles.
Si antes era en centros religiosos donde se modelaban las personalidades rígidas, ahora es en escuelas, institutos y en muchas facultades universitarias. Es en estos centros donde se lleva a cabo una enseñanza doctrinal de carácter político, ideológico y lingüístico. Los maestros “misioneros” que lleva a cabo sus apostolados va directos a crear lo que ellos llaman personas “concienciadas”, pero que no son otra cosa que simplistas militantes de Causa, todos igualitos y fabricados en serie.
En pocas palabras, que si antes había muchos eclesiásticos, en los tiempos actuales los hay aun más, aunque no lleven sotana ni sepan ellos mismos que son lo que en realidad son: curitas, monjes y monjitas.
Pues bien, si deseamos que nuestra sociedad se convierta en occidental de una vez por todas, si queremos que se modernice en el racionalismo de las luces y abandone las tinieblas medievales, habrá que empezar a renovar nuestras escuelas más o menos coránicas (aunque sin el Corán musulmán, claro), y empezar la enseñanza que define Occidente y el sentido del progreso, es decir, la ENSEÑANZA CRÍTICA.
Enseñanza crítica significa educación ágil en los juegos de las ambivalencias, capacidad de discernir fríamente horizontes sin prejuicios establecidos, apuesta por las diversificaciones de pensamientos en confrontación constante. Y supone, sobre todo, no anclarse para nada en resoluciones prácticas o teóricas de modo definitivo.
El maestro o profesor crítico debe y tiene que aceptar que se cuestione incluso lo que él más ama, que circulen por sus aulas pluralidad de opiniones y que se favorezca la presentación (lógica, rigurosa y seria) de pensamientos diversos y antagónicos.
El profesor correcto no solamente no tiene que oponerse o silenciar a los que opinan diferente a él, sino que debe esforzarse incluso en hallar oponentes realmente efectivos a su propia línea de pensamiento.
La escuela libre es hoy imprescindible. Y sobre todo lo es porque la que tenemos es proselitista. Y con pretensiones de “progresista”. O sea, que apaga y vámonos.