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El sentimiento de culpa

20 Feb

El sentimiento de culpa, sí, o de lo que nadie quiere oír hablar. Hoy nadie es, ni se siente, culpable de nada. La conciencia de culpa es “reaccionaria”, nos dicen. Así que cada cual va a lo suyo, que aquí, pase lo que pase, ninguna persona tiene el porqué ofrecer explicaciones, disculpas ni arrepentimientos de nada.

Efectivamente, nuestra mojigatería indecente se ha montado un tinglado repugnante en beneficio propio (¿“beneficio”?) y, con ello, hemos construido una moral blanda que lo explica y justifica todo. Ya puedes estafar, robar, maltratar, despreciar, humillar o lo que sea: hagas lo que hagas, lo haces y punto. Y se acabó. Y a otra cosa, mariposa.

Realmente en nuestra especial sociedad ocurren cosas increíbles. Tenemos un mundo podrido hasta las vísceras, en todos los niveles. Se engaña y se hace daño de verdad. Y nada ocurre ante tal panorama. Pero hay más, los culpables de las maldades no sufren en absoluto por sus propias conductas. No saben siquiera lo que es ponerse en la piel de sus víctimas. Carecen de humanidad y empatía alguna. Nunca se plantean sus propias actuaciones. Van a por todas, vía directa y caiga quien caiga.

Comprendo que el sentimiento de culpa es malo cuando se convierte en un infructífero parloteo de acusación propia sin resultado alguno. Entonces es un tormento gratuito. Pero tener sentimiento de culpa en el sentido de sufrir por lo que has cometido injustamente de cara a una rectificación, es conveniente y hasta indispensable para no acabar todos echándonos tiros en plena calle. Y es necesario para ser humano. O mínimamente decente.

A causa del egoísmo desenfrenado (arrastrado por ansías de dinero, poder, sexo y fama o cegado por obsesiones ideológicas) hoy en día se anula como personas a quienes entorpecen o puedan entorpecer el paso hacia los falsos paraísos. Se los anula y hasta destroza. Sin pena ni arrepentimiento. Y configurándose para ello conciencias vacías, impermeables hacia el sufrimiento ajeno. O apoyadas en una falsa ética doméstica para autojustificación propia con respecto a lo que sea.

Así sucede y así parece que seguirá sucediendo. Hasta que lleguemos al final del callejón oscuro sin salida alguna. Entonces, solo entonces, habrá que rectificarse. Pero los daños ya estarán hechos.