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Fomentar el odio

26 Dic

Hay mucha gente buena en el mundo. Pero también la hay que no hace otra cosa sino sembrar cizaña para fastidiar cosechas saludables. Es la gente que por suciedad mental se afana en desbaratar cualquier empresa con intenciones limpias.

Esta gente malévola está siempre presente en cualquier ámbito vital. Está compuesta por individuos peligrosos que mienten, falsifican y deforman la realidad con tal de presentar escenarios catastróficos para así entorpecer al adversario o desbaratar cualquier iniciativa que vaya en dirección mínimamente opuesta a sus postulados o manías personales. Estos individuos no solo distorsionan los hechos y las realidades en provecho particular o partidista, sino que hasta se engañan a sí mismos haciéndose creer que todo lo que parte desde posiciones ajenas es forzosamente malo y pernicioso. Llegan a defender lo indefensible o a atacar lo inatacable o desconocido.

Pero no les basta con su actitud destructiva y opositora. Les urge, además, calentar de apasionamientos sus manipulaciones para así fomentar el odio, un odio que nunca jamás trae consigo beneficios, sino derrota, destrucción y hasta muerte.

Lo peor es que el trabajo negativo de estas gentes mezquinas cunde entre gentes ignorantes incapaces de tener criterios propios o de ver lo que realmente está pasando a su alrededor en cualquier momento. Son excesivos los que carecen de ojos para ver, oídos para oír y cabeza para pensar. A éstos se les puede engañar fácilmente y encenderles las llamas del desprecio y el odio a partir de visiones de la realidad intencionalmente deformadas por los malévolos.

Hay muy mala uva en nuestra sociedad. Y personas fácilmente manipulables. El resultado de tal combinación es una tremenda bomba explosiva. Es la bomba del odio, de un odio sin el cual también los hay que no pueden vivir porque, en su nihilismo de vacío total interior, precisan de él para afirmarse y sentirse simplemente vivos.

Falta inteligencia, renovación personal y colectiva, ambición noble de superación y capacidad de mirar con ilusión esperanzadora. Sin estos elementos se nos cierran todos los caminos.