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Creer solamente en lo que se ve

5 Sep

Los hay que se creen muy listos, demasiado. Estos “inteligentes”, sin un mínimo de humildad, los ha habido siempre y en todos los ámbitos. Su especial “inteligencia” es reveladora, sin embargo, de todo lo contrario a la propia y real inteligencia: es muestra de ignorancia sin límites.

Veamos, por ejemplo, las convicciones radicales de los materialistas del viejo positivismo. ¿En qué creían ellos? Pues en lo único digno de creerse, decían, es decir, en lo que se podía ver y tocar. Todo lo demás era  pura entelequia. O absurdo inexistente.

Pero han pasado los años y han surgido nuevas tecnologías. Han aparecido técnicas para ver mucho más allá de nuestros ojos. Ahora empezamos a ver lo mínimamente pequeño y lo enormemente grande y, con ello, descubrimos mundos antes inimaginables incluso por las más atrevidas mentes.

Aun sin verlas a simple vista, solo en cada uno de nuestros cuerpos físicos viven unos treinta trillones de células, que no son simples piezas muertas del edificio corporal, sino pequeños mundos en miniatura y en colaboración constante. Esta enormidad de células se nos renueva cada siete años transformándonos nuestra realidad propia, transformación que tampoco percatamos.

Y en las células hay moléculas invisibles. Y más allá de las moléculas, átomos. Y más allá de éstos, las llamadas supercuerdas. O sea, que a niveles microscópicos existen realmente, y sin ficción alguna, ámbitos de realidad todavía inexplorados y de una complejidad tan maravillosa como enigmática. Son verdaderamente universos fascinantes en miniatura.

Pero a nivel macroscópico tenemos también presencias que desbordan nuestras posibilidades de exploración e imaginación. Hay mundos dentro de otros mundos, mundos sin límites. Y hay galaxias dentro de galaxias. Y hasta se habla de universos distintos al nuestro, o de universos dentro de universos, simultáneos o incluso paralelos.

¿Existe solamente lo que se ve, por lo tanto? Pues no. La realidad existencial es fascinante y compleja hasta lo insospechable. Por lo tanto incidamos en lo que otras veces hemos comentado: evitemos presumir de nuestros conocimientos. Siempre son pobres. Lo fueron ayer y lo son ahora. De un modo u otro siempre lo serán.  Presumamos menos, por lo tanto. Y admiremos, mientras, el gran espectáculo.