Archivo | febrero, 2013

El sentimiento de culpa

20 Feb

El sentimiento de culpa, sí, o de lo que nadie quiere oír hablar. Hoy nadie es, ni se siente, culpable de nada. La conciencia de culpa es “reaccionaria”, nos dicen. Así que cada cual va a lo suyo, que aquí, pase lo que pase, ninguna persona tiene el porqué ofrecer explicaciones, disculpas ni arrepentimientos de nada.

Efectivamente, nuestra mojigatería indecente se ha montado un tinglado repugnante en beneficio propio (¿“beneficio”?) y, con ello, hemos construido una moral blanda que lo explica y justifica todo. Ya puedes estafar, robar, maltratar, despreciar, humillar o lo que sea: hagas lo que hagas, lo haces y punto. Y se acabó. Y a otra cosa, mariposa.

Realmente en nuestra especial sociedad ocurren cosas increíbles. Tenemos un mundo podrido hasta las vísceras, en todos los niveles. Se engaña y se hace daño de verdad. Y nada ocurre ante tal panorama. Pero hay más, los culpables de las maldades no sufren en absoluto por sus propias conductas. No saben siquiera lo que es ponerse en la piel de sus víctimas. Carecen de humanidad y empatía alguna. Nunca se plantean sus propias actuaciones. Van a por todas, vía directa y caiga quien caiga.

Comprendo que el sentimiento de culpa es malo cuando se convierte en un infructífero parloteo de acusación propia sin resultado alguno. Entonces es un tormento gratuito. Pero tener sentimiento de culpa en el sentido de sufrir por lo que has cometido injustamente de cara a una rectificación, es conveniente y hasta indispensable para no acabar todos echándonos tiros en plena calle. Y es necesario para ser humano. O mínimamente decente.

A causa del egoísmo desenfrenado (arrastrado por ansías de dinero, poder, sexo y fama o cegado por obsesiones ideológicas) hoy en día se anula como personas a quienes entorpecen o puedan entorpecer el paso hacia los falsos paraísos. Se los anula y hasta destroza. Sin pena ni arrepentimiento. Y configurándose para ello conciencias vacías, impermeables hacia el sufrimiento ajeno. O apoyadas en una falsa ética doméstica para autojustificación propia con respecto a lo que sea.

Así sucede y así parece que seguirá sucediendo. Hasta que lleguemos al final del callejón oscuro sin salida alguna. Entonces, solo entonces, habrá que rectificarse. Pero los daños ya estarán hechos.

Farsa

6 Feb

Es muy necesario que exista la libertad informativa y que a través de ella nos enteremos tanto de lo bueno como de lo malo. Y muchas cosas malas se están aireando en nuestro país. El latrocinio general de los grandes es la muestra más palpable del cáncer que corroe nuestro mundo, un cáncer que de seguir progresando nos llevará a una muerte social segura.

En nuestras tierras se roba desde todos los ámbitos. Lo hacen políticos y no políticos, grandes y pequeños, dirigentes y dirigidos. Quien más quien menos juega con cartas trucadas y engaña donde y cuando puede. Y si no lo hace, tiene cortados  sus caminos en este lodazal pestilente.

Pero lo peor es que no solo aquí se roba y se estafa. En otras medidas y otras escalas se hace en todos los ámbitos y latitudes. Por esto tenemos, por ejemplo, los paraísos fiscales, aceptados, legales y permitidos. Son los paraísos del vómito que esconden la tercera parte del PIB global, o sea, unos 24 billones de euros o lo suficiente para acabar cuatro veces con la pobreza mundial, esta pobreza que mata y asesina diariamente a niños y niñas del mundo entero ante nuestros ojos, ojos que, gracias a los medios informativos, están abiertos y ven y contemplan.

Ante este panorama (cierto y real) uno se pregunta sobre lo que estamos haciendo, al no reaccionar con eficacia. Lo cierto es que ante estos hechos comprobados tenemos que reconocer que el actual mundo político-social-económico es un tinglado demoníaco de una desfachatez absoluta. Y que su conservación y mantenimiento con el proteccionismo legal establecido es la manifestación más descarada de la hipocresía repugnante de la cual y sin cesar tantas veces estamos hablado.

Lo único esperanzador de esta situación de falsedad y corrupción es que por muchos que sean los delincuentes, estafadores y criminales contra la humanidad, más son todavía las gentes honradas, las que procuran desproveerse de sus egos torturadores, los que intentan jugar limpio dentro de lo posible y se conforman con la realidad inofensiva de las elementalidades. Ellos y su voz son lo que puede regenerar la moral de un mundo que ha perdido el norte que posiblemente nunca ha tenido. Solo en ellos y en sus posibles actuaciones decididas está la esperanza. Solo en ellos.