Archivo | julio, 2010

Ser de derechas o ser de izquierdas

28 Jul

Antes las cosas estaban más o menos liosas, pero ahora vivimos la confusión total. Porque, vamos a ver, ¿qué significa ser de derechas o de izquierdas?

Alguien (que se consideraba de izquierdas) me dijo una vez que cuando uno no sabía si era de derechas o de izquierdas es que era de derechas. Pero resulta que poco antes me encontré a otro (que se creía de derechas) que me argumentó lo contrario, o sea, que si dudaba alguien sobre si era de derechas o de izquierdas, era irremediablemente de izquierdas.  Total, que ya veis como andaba el patio.

Pero sí, hasta hace poco (o mucho) parecía que ser de derechas suponía  (para uno que se consideraba de tal posición) varias cosas, como por ejemplo, ser conservador, defensor de las situaciones sociales como más o menos estaban, ser partidario de las identidades tradicionales, de las “esencias” históricas heredadas, del pasado cultural o de la religión paterna y materna transmitida.

¿Y qué era ser de izquierdas para uno de izquierdas? Pues era ser defensor de los cambios: de los cambios sociales y políticos a favor de los más desfavorecidos, de los cambios culturales anquilosantes, de la ruptura con respecto a las identidades petrificadas, a los historicismos nostálgicos, a los racismos o a las emotividades patrióticas. Y suponía ser defensor de la internacionalización de las reivindicaciones, reivindicaciones que eran con respecto a la única nación existente: la de los pobres desgraciados de este mundo, la de los oprimidos por los egoísmos devastadores. Y poco le importaba al izquierdista de entonces la procedencia, habla, raza o cultura del oprimido. Así era.

Pero fijémonos que he definido a largos trazos al derechista y al izquierdista según las ideas que cada cual se tenía de sí mismo. Porque, claro, si le pedías a uno de derechas que te dijera lo que era uno de izquierdas, te respondía con unos calificativos respecto a éste que no eran de valoración nada positiva. Y lo mismo sucedía cuando era el de izquierdas el que te definía al de derechas: todo lo que lo enmarcaba como tal era basura y nada más que basura.

Así como vemos el panorama, el tema no era del todo claro ni de fácil objetivación clasificadora. Y menos cuando en la realidad sucedía que alguien podía ser de derechas con respecto a algunos aspectos de su vida pero todo lo contrario con relación a otros. También el de izquierdas tenía facetas de su vida claramente derechistas.

Con lo que vamos diciendo podemos fácilmente entender que las clasificaciones taxonómicas en relación a esta bipolarización ideológica no has sido nunca diáfanas.

Pero, ¿y ahora qué ocurre? Pues que no importa ser un lince para percatarse que esta clasificación es en la actualidad un puro nominalismo sin pies ni sentido. Los de derechas predican ya los cambios y progresos y los de izquierdas se dicen defensores de esencias patrias y de las configuraciones nacionales. Y todos ellos van, como mínimo, en plan burgués de clase media bien acomodada viendo a las reales masas proletarias de los inmigrantes sin pan ni papeles como raros marcianos de lejanas galaxias a los que, esto sí, conviene convertir e integrar en nuestra supuesta identidad comunitaria.

¿A qué conclusión llegamos con tales razonamientos? Pues no lo sé. Pero algo sí parece evidente: que la clasificación nominalista (o adjetivista) pasada pero, sobre todo, la actual de derechas e izquierdas sólo sirve para que se monten su negocio los profesionales de la vida pública. Y sirve también para que con las palabras se líe y se líe la madeja de espaldas a las realidades y en beneficio de los múltiples pescadores en el río revuelto del lenguaje. Y también, claro está, para que, con lo que  digo, uno de derechas diga que yo, este articulista, soy de izquierdas y uno de izquierdas diga, al contrario, que soy de derechas.

De todos modos y en definitiva, sí que es verdad que ser derechista o izquierdista en el mundo occidental actual ofrece rentabilidades, como tantas rentabilidades (y confusiones) lleva aparejado sobre sus espaldas el mundo no siempre comunicador del lenguaje.