Archivo | mayo, 2008

Viva la independencia

7 May

Sí, viva la independencia. Pero la independencia individual, la que ha sufrido desde siglos y más siglos el sabotaje incesante de los jerarcas de las masas, de los amantes de las tribunas de voz manipuladora contra tú y contra mí, y contra quien sea que haya querido ser plenamente la esencia evolutiva y cambiante de sí mismo.

Así que queremos la independencia y queremos rechazar para siempre ya y de una vez por todas a los predicadores del signo que sea, los  que desde nuestra infancia nos han atiborrado con verborrea incesante, los que nos han pretendido delimitar el bien y el mal según sus obsesiones, certitudes absolutas o intereses escondidos o descaradamente al descubierto.

Queremos la independencia y la tendremos. La tendremos porque precisamente la queremos. Con toda la fuerza y la energía de las voluntades inquebrantables.

Amigo y compañero, empieza a andar tu camino en este momento, si es que ya no lo emprendiste. Supera la estúpida e innecesaria aprobación por parte de conocidos o desconocidos, de amigos o enemigos, de incluso compañeros de penas, gozos o trabajos. No seas un esclavo. Nunca lo seas. Jamás.

Vive y saborea tu propio saber vivir, acostumbrándote a experimentar lo que crees tu propia verdad. Y escucha sí, escucha a los otros cuando proclaman la suya con la misma espontaneidad y limpieza que la tuya. Escúchalos y acepta lo que de ellos te convenga. Pero hazlo con meridiana lucidez. No te equivoques, porque es muy fácil errar si vacilas entre concepto y concepto, entre abstracciones y enredos de intelectualidades paralizantes.

Sé tu mismo. Y desafiando el rechazo de las aletargadas manadas de ovejas de la rutina, la impotencia y la obediencia. Las manadas de los envidiosos que no soportan ni jamás soportarán tu actitud de hombre libre e independiente. Para ellos serás peligroso. Y más todavía lo serás por los pastores aprovechados que guían la manada, que la guían a su gusto y antojo para sus intereses y sus sagrados altares, altares para la sumisión y el sacrificio: el sacrificio que querrían que fuera el tuyo y para ofrecérselo a sus dioses intocables. Y para sacar de ello su provecho interesado.

Sé tú mismo. Y que, como nos decía el limpio poeta de Sevilla, aquel Antonio Machado, jamás cambies tu auténtico ochavo moruno por los falsos centenes en que pretendan estampar tu efigie. Manda al infierno la efigie que quieran perfilar de ti los que quieran que te acomodes al hombre “de prestigio” que ellos desean que seas. Recházalos y rechaza los honores y homenajes que te preparan y organizan con la finalidad de que bailes a su ritmo y les sirvas. Olvídalos, que tú no necesitas aplausos, y menos (mucho menos) los de los pretendidamente instalados en el orgullo de sus sitiales de poder social, político, económico o intelectual.

“Sé una luz para ti mismo”, recomendaba el sencillo Gautama. O sea, que te ilumines con la luz propia que te lleva por la negrura y por las tinieblas necesarias para forjarte tu carácter. Ve por los campos abiertos donde quizás no encuentres ni mano, ni abrazo, ni mapa ni demarcación alguna. Y despréndete de las “máscaras” que te queden, las del teatro y la comedia que quieren que representes para halago de los que quieren controlarte. Son las máscaras que te han impuesto y has creado o te han creado de ti mismo, del falso tú mismo. Descubre tu individualidad viviendo desatado de las manadas, las que te ordenan fidelidad y te exigen identidad (la monstruosa identidad) de grupo compacto y tribal. Los que te demandan obediencia, pensamiento único y sentimiento único para que enarboles sus banderas. Son los que repudian la libertad real y auténtica, la que va mucho más allá de la de inscribirte  en los partiditos o grupitos tales o cuales, de aquí o de allá.

“Sé una luz para ti mismo” y a esta luz, compañero, la hallarás si te abres al Amigo, a la voz de tus ángeles y arcángeles, si aceptas el vacío después de tus inevitables noches oscuras del alma. Te llegará la luz como un rayo, libre de conceptualismos delimitadores y de las jeroglíficas teorizaciones de siempre, las que te han estado paralizando hasta que te decidiste a andar de verdad. A andar y a actuar, y no sólo a pensar, pensar y pensar paralizándote con ello en la ciénaga de la muerte. Actúa.

Que tu luz sea tu alimento. Que no lo sean ni el pienso contaminante  de la falsa felicidad que venden los mercados ni el de los rígidos fanáticos de las banderas desplegadas, los cegados por sus ignorancias, los cegados por los muros sin horizontes que edificaron y se edificaron también, y sobre todo, en torno a ellos mismos, porque se han hecho esclavos de sus propias redes, las que paralizan y los paralizan.

“Sé tú mismo” y retorna a la pureza de niño, pero con sabiduría y con la fuerza del león luchador. Sigue tú ruta, la del alma, la que es un pedazo del Dios, del Amigo, de la Fuerza del Universo que inexorablemente te llevará al principio y al final y al siempre de los siempres. Así que destierra de tu vida la palabra miedo. Déjate llevar por la luz, tu luz interior y por la energía mágica que la alimenta. La que alimenta la estructura profunda de la Existencia, este gran y magnífico misterio incomprensible con palabras y conceptos.

Que viva y que se consolide tu independencia. ¡Viva la independencia¡ La tuya. Y camina y anda y avanza. Con dedicación y entrega de servicio a los que te necesitan, porque ayudar alimenta tu luz y potencia la que todos (incluso los que entorpecen tu marcha) llevan dentro. Hazlo. Porque es Dios quien está contigo. Es Dios, es Alá, el Tao o la Fuerza Total y Absoluta. ¡Qué importa cómo la llamemos¡ Pero es la Gran Fuerza. Vive tú con ella. Sé tú mismo. Y que te llamen loco si quieren. Que te lo llamen los paralizados en el lodazal de la muerte y el estancamiento. Pero tú sigue y avanza. Y ayúdalos a ellos, sí, también, a incorporarse a su luz propia. Es la gran luz del Universo. La de la Existencia. La del Misterio.