¿Existe un solo mundo?

9 Mar

Efectivamente a veces creemos que existe un solo mundo. Entonces nos referimos a “este mundo”, el que tenemos aquí, el que pisamos diariamente, el real, el objetivo, el palpable. Esto es lo que creemos. Sin embargo, es posible que nos equivoquemos, porque si existiera un solo mundo, ¿cómo nos explicaríamos que mientras unos lo experimentan como una apasionada aventura,  otros, en cambio, lo arrastran como un infierno insoportable?

Tal vez tengamos que aceptar que existen tantos mundos como mentes humanas que lo interpretan. Y más aun: seguro que en cada persona han ido desfilando en el transcurso de su vida una multiplicidad enorme de mundos: son los mundos teñidos de las más variadas formas y colores, los mundos hechos de gozo y exultante euforia y los mundos brumosos y ásperos de noches largas y oscuras.

Aceptemos, no obstante, que el mundo “objetivo” es siempre el mismo, aunque en imparable proceso de cambio. Aceptémoslo, y pasemos por alto la discutible realidad del concepto “objetivo”. Y sí, tendremos un solo mundo. Pero nunca podremos expresarlo con un determinante precedente de “nuestro”. Lo que el mundo es para mí en un instante de mi existencia no coincide con lo que es mi propio mundo en otro instante distinto de mi vida. Y seguro que estos dos  instantes míos no coinciden exactamente con los tuyos, los de aquél o los de aquel otro. Y, si no, veamos. Vayamos, por ejemplo, por la larga avenida de la literatura: observemos en el siglo XVII la amargura de un Quevedo, que ve por doquier muerte y sólo muerte, y contrastémoslo con el entusiasmo de Lope de Vega (en el mismo periodo histórico) que ve y experimenta vida y nada más que vida.

Se me argumentará en contra que el “mismo” mundo ofrece polos positivos y negativos y que según en cuáles estés instalado así verás el panorama. Pues no, no es exactamente así. Para comprenderlo basta con presenciar cómo muchos que experimentan la escasez y la pobreza están serenos, y hasta ríen, y cómo otros, instalados en la opulencia, se tiran un tiro en la sien o deciden, desesperados,  abandonar el barco con el método que sea.

Habrá que aceptar por lo tanto que la raíz de toda particular perspectiva del mundo (ésta que lo hace único y, a la vez, tan distinto) radica sobre todo en la mente.

El mundo en sí mismo considerado puede que sea indefinible, puede que no sea ni bueno ni malo, ni blanco ni negro, ni suave ni áspero. El mundo en sí puede que sea simplemente neutro. Neutro y nada más que neutro.

Vistas así las cosas y desde esta perspectiva, se explica que sean muchos los que tengas serias dudas sobre la posibilidad real de cambiar el mundo para “mejorarlo”. Me da la impresión que si comparásemos el mundo de hace milenios con el de ahora, veríamos transformaciones humanas sin duda positivas, pero también tendríamos que aceptar que la desdicha de entonces también persiste ahora, y que todo cambio en principio positivo entraña siempre resultados que llevan es sí  problemas nuevos.

No extraña, pues, que sean también ya muchos los que opten por el cambio, sí, pero por el cambio de enfoques mentales a fin de ver de modo diferente (y más positivamente) una realidad que es simplemente lo que es y nada más que lo que es. Esta sería la actitud de los reformadores de conciencias o de los que nos instan a transformar nuestras visiones de la realidad cuando éstas están deformadas y oscurecidas. Aceptando que  un mismo hecho  puede provocar reacciones diversas y hasta reacciones contrarias y contradictorias, qué mejor que tomar postura y “visión” desde el ángulo más saludable para la vida de uno. Al fin y al cabo de lo que se tata es de vivir. Y mejor bien que mal.

Son los pragmatismos políticos los que se empeñan en las transformaciones del mundo (al menos esto es lo que en teoría pretenden). El pragmatismo espiritual, en cambio, optaría por el cambio de mentalidades frente a un mundo que siempre es, ha sido y será más o menos el mismo. Y con un problema, al menos, sin solución posible: el de la muerte.

Lo que sí es cierto es que las revoluciones políticas han causado millones y millones de víctimas. Y todo para  que aun hoy siga habiendo gentes desesperadas. E incluso tentadas hacia el propio suicidio.

Así que, frente a la hipotética y difícil transformación general de la “objetividad”, existe la real posibilidad de cambios individuales de enfoques vitales. Serías éstos los cambios de la condición de las mentes, los cambios que (para nuestro bien) nos hagan ver lo positivo hasta incluso en los dominios de lo propiamente considerado como negativo. Y hablamos de polos positivo-negativos, antagónicos, pero necesarios para definir la globalidad total de la vida.

Realmente hay aspectos de la realidad que nunca podrán ser distintos a como son ahora. Nunca. Lo único que nos cabe, pues, es un nuevo enfoque, el nuevo enfoque para “ver” y “entender” estos aspectos de manera diferente. Aquí y sólo aquí puede que esté la inteligencia.

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